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   Esquirla/Diego Enrique Osorno 09:42:36 05-10-2009

Diego Enrique Osorno / Quadratín



Tegucigalpa, Honduras.- Cuando Roberto Micheletti estaba repasando nombre por nombre al personal que trabajaba en la Casa Presidencial de Honduras antes del golpe de Estado del 28 de junio, José Margarito Núñez, el cocinero del derrocado presidente Manuel Zelaya, le dijo: “Señor presidente Micheletti, discúlpeme usted, pero yo ya no quiero ser el chef de la presidencia”.

—¿Por qué? —cuestionó Micheletti.

—No es conveniente. No quiero que le vayan a echar algo a su sopa y me vayan a echar la culpa a mí.

Hoy en día, Margarito Núñez sigue trabajando en la casa presidencial de Honduras, la cual se encuentra en un sector exclusivo de Tegucigalpa, a un costado del Hotel Marriot, cuya enorme construcción opaca la de la sede oficial del poder hondureño.

Sin embargo, Margarito está en el área de eventos especiales y su trabajo es acarrear alimentos y bebidas a la sala de prensa de la residencia oficial.

“El presidente Zelaya era muy sencillo, no andaba pidiendo comida gourmet. Le gustaba mucho la comida artesana, como le decimos acá a la comida típica”, me cuenta. Los alimentos comunes de Zelaya, según su antiguo chef, eran chorizo, frijoles, plátano, aguacate, “casamiento” (arroz con frijoles), “tapado” (mondongo) y “catrachas” (tostadas).

Nueve son las personas que trabajan diariamente en los alimenots de un presidente en turno de Honduras, y veinte son las que integran su equipo de apoyo personal.

Hace cuatro años que Margarito comenzó a laborar aquí. Tiempo atrás, en 2000, vivió en México, donde fue cocinero y repartidor de carnitas de cerdo en Querétaro, recuerda con nostalgia.

Aunque sea políticamente incorrecto, ya que estamos en plena casa presidencial donde soldados que ayudaron a imponer a Micheletti van y vienen, el cocinero me dice que recuerda con aprecio a Zelaya. Sobre el actual gobernante de facto dice que como casi no tiene contacto con él, carece de una opinión elaborada acerca de cuál es su personalidad.

Otros empleados de la residencia presidencial de Honduras cuentan extravagancias de Zelaya durante su paso por esta casa. Una de las puntadas ocurrió a finales de abril pasado, cuando en el ala Q de la sede oficial, Zelaya organizó una fiesta con Los Tigres del Norte y se puso a beber y a cantar narcocorridos con ellos. Él cantó “La puerta negra”, y los músicos le dedicaron “El Jefe de jefes”. Todo era risas en los videos que me mostraron.

A Zelaya, los empleados con los que platiqué lo describen, para bien y para mal, como un excéntrico permanente. Uno de los reporteros hondureños que antes seguía las actividades de Zelaya y que ahora lo hace con Micheletti, me dijo: “Mel (como le dicen fans y detractores a Zelaya) admiraba mucho a Vicente Fox, el de ustedes en México, y quería hablar como él y moverse como él, ser como él”.

Un camarógrafo de la televisora gubernamental, contrario a lo que se pudiera pensar por la crisis imperante, dice que ahora con Micheletti tiene menos trabajo. “Antes con Mel andabámos de aquí para allá y teníamos que transmitir todo el tiempo en vivo y enviar el material, pero ahora no es tanto”.

Por lo que cuentan los empleados de la casa presidencial, antes aquí había que aprender a convivir con las repentinas locuras de Zelaya. Ahora hay que hacerlo con los estrictos retenes militares para entrar, las protestas recurrentes afuera y, sobre todo, la zozobra por el futuro que le espera a esta casa presidencial en los próximos días.

Como quiera, por precaución, la mayoría de los empleados que entrevisté llevan en su solapa la credencial del gobierno de Micheletti, y en los bolsillos, la del gobierno de Zelaya.

Cualquier cosa puede ocurrir aquí.

PARA SEGUIR CONOCIENDO SOBRE EL TEMA:

Días de gorilas
www.milenio.com/node/295173

Podrán cortar todas las flores pero no podrán acabar con la primavera
www.milenio.com/node/295961
Foto: Diego Osorfn

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